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Hoy en día lo callemos, lo tengamos presente, lo aceptemos o lo neguemos, señalo que la gran mayoría de hombres y mujeres estamos inquietos por el rumbo de nuestra vida afectiva, entendida ésta en relación al vínculo que creamos con respecto a una pareja. Algunos que están en pareja con gran frecuencia viven la experiencia como “un mal necesario” e incluso escucho manifestar en el espacio terapéutico “peor es nada” y con la incertidumbre de que la felicidad está en otra parte.

Algunos otros que no tienen pareja a menudo creen que el remedio para todos los males radica en estar en una pareja incitando así el posponer o trasladar todo lo que no vaya en esa orientación y hay quienes exteriorizan que van de desencuentro en desencuentro dejando la responsabilidad al destino, a la mala suerte o bien al otro.

En realidad son modelos que aprendimos, que incluso nuestra cultura nos ha propuesto como patrón. Sin embargo podemos hacer algo al respecto. Nos debemos y merecemos reaprender paradigmas que nos encaminen a vínculos amorosos en nuestra vida cotidiana, que nos lleven a crear las condiciones óptimas para fundar relaciones sanas y de crecimiento, por ello recalco la importancia de la conexión con nosotros mismos, cuando me planteo y cuestiono ¿qué necesito?, ¿qué tengo?, ¿qué puedo transformar?, me permito rastrear mis recursos amorosos desde mi propia esencia.

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