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Cada vez que “decidimos” estamos renunciando a algo y esto es lo que hace difícil “tomar decisiones” ya que en  cada decisión existe una “renuncia” y esta renuncia nos genera cierta “angustia”.

Hasta en las decisiones más simples estamos renunciando;  por ejemplo, al ir a comer a un restaurante y al elegir un postre, estamos renunciando al resto de los postres. Todo el tiempo estamos “decidiendo”;  desde cómo vestirnos, el camino a tomar para llegar a nuestro destino, cómo organizar nuestras actividades  del día, etcétera.

Si a nosotros los adultos nos resulta difícil “decidir”, ahora imagínate a los niños; es por ello que hay niños que se pueden tardar mucho en elegir su menú, o en elegir qué juguete se le compre, porque lo difícil para ellos es elegir también a todo lo que van a renunciar;  darnos cuenta de esto nos hará más comprensivos con ellos pero también con nosotros mismos en el momento  de enfrentarnos ante una “decisión”.

La próxima vez que te veas envuelto(a) en una situación dónde te esté costando trabajo “tomar una decisión” date cuenta  ¿a qué te está costando trabajo “renunciar”?, hacer una lista en donde plasmes a que estarías renunciando si tomas una decisión y también a qué estarías renunciando si no tomas esta decisión; podría darte más claridad sobre lo que quieres en este momento  o  lo que estás necesitando.

Lo más importante es que seas comprensivo contigo,  dándote cuenta que es natural que te sea difícil tomar ciertas “decisiones” ya que esta comprensión ante ti mismo te permitirá acompañarte mejor al momento de “decidir”.    

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