Contáctanos

Que no me refiero a las perdidas, esas son unas amigas muy queridas y divertidas que como dicen por ahí, son las más buscadas. No, en esta ocasión no hablaré de ellas sino de las pérdidas (nótese el acento en “e” por favor) que nos atacan constantemente. Todo el tiempo estamos perdiendo algo, unas veces más significativas que otras, y el impacto de ellas depende del valor que tenga para nosotros  ya sea emocional, intelectual, económico, etc.

Las pérdidas más significativas tienen que ver especialmente con la muerte de nuestros seres queridos, y a pesar de que sabemos lo inevitable del tema, cuando nos enfrentamos al evento se genera una revolución de emociones que a veces no sabemos cómo resolver y a veces pareciera que no saldremos nunca de ello. Pero no muy diferente están las pérdidas de trabajo, de relaciones de pareja, cuando los hijos crecen y empiezan a hacer su propia vida…

El proceso de duelo en cualquier caso, genera situaciones de negación, de tristeza, culpa, enojo que se presentan en un “ir y venir” hasta llegar en un bendito momento a la aceptación. Sólo cuando alcanzamos este último paso podemos ver entonces un aprendizaje de esa pérdida y recuperarnos, hasta entonces el panorama parece siempre muy desolador.

Si hay algo en estas palabras que te resultan familiares, date cuenta en cuál de estas emociones estás detenido, qué te hace falta para concluir tu proceso, porque también gracias a esa pérdida que estás pasando aprenderás algo muy importante y valioso en la vida. No te presiones a que tienes que resolverlo en un día, no dejes que las personas con muy buena intención pero con poca empatía te dicen “ya supéralo”. Considera que hay una herida en tu corazón que tiene que recibir los cuidados necesarios dependiendo de la intensidad de la lesión.

Dedico estas líneas a todas las personas que en este momento se ven atrapadas en el torbellino de la desesperación por la pérdida, con los mejores deseos de que pronto encuentren alivio.

Regresar a artículos



comments powered by Disqus